Apagado y tóxico como perro envenenado de pelaje opaco y mirada caída, ya no espera nada de nadie ni hasta de si mismo, la inspiración aparece sólo para traer más amargura a su corazón, que ya casi no palpita.
Trae un millón de buenos sentimientos e ideas que podrían cambiar al mundo más todo parece invisible, ya no existe la necesidad de que llores o grites ni que sonrias o cantes porque nada de lo que hagas cambiará las cosas.
Fuiste destinado a vivir de una manera en que siempre deberás observar los logros de otros y estás obligado a sonreir y felicitar a todo aquel encantado de su vida, mientras que en la vereda de enfrente dentro de tu mente te hayas tirado en la acera con el más vagabundo ropaje pensando constantemente en qué paso fallaste esta vez, por qué siempre debes llegar tarde a todo, cuando las oportunidades yacen agotadas, tarde, cuando ya fueron todas las risas, mas tarde aún, cuando todas las riquezas y toda la abundancia han sido consumidas por alguien más, siempre llegas a tocar la puerta en aquel justo momento en que hasta el último dulce fue despapelado y deglutido, pero jamás olvides sonreír y estar feliz por los demás porque para eso pareciera naciste, engalardonar todos los triunfos ajenos y guardar, callar, reprimir y quemar tus deseos verdaderos que para ellos jalas habra cabida en este mundo
Las nubes bajas y la casita de sur
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